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De Sóller a Lluc (10)

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Lo que dice el Arxiduc:

"Por el camino que asciende en dirección a Fornalutx hacemos nuestra entrada en la localidad de Sóller.

El escenario que ofrece del entorno, del mar, y al poco, del macizo calcáreo del Cornador es único. Una serie de curvas nos llevan cuesta abajo hacia una hoyada que desemboca en el Barranc por un vallecillo de chopos al que lleva asimismo un camino próximo a la cascada del salt des Cans. El terreno se hace más abierto al pie de las montañas y se cubre de prados hacia cuyo centro se encuentra la casa de l’Ofre, ocupada generalmente por pastores que apacentan aquí sus ovejas y en verano también manadas de caballos. Cerca de ella hay una Tanca (cercado) destinada al cultivo de hortalizas y entre los sembradíos se intercalan algunas frondas de pinos. El camino sigue por la parte izquierda del valle, donde brota una fuente de clarísimo caudal, Sa Font de s’Aritja, que vierte sus aguas en un abrevadero para el ganado.

El camino salva el único collado e inicia su descenso hacia el dilatado valle de Cúber y Almallutx. El cónico Puig de l’Ofre presenta su acceso más fácil precisamente desde este collado, y la escalada es premiada con una de las panorámicas más bellas, pues si no es tan amplia como la que ofrece el Puig Major, la indómita naturaleza del entorno le presta un encanto muy especial.

Desde el Coll sobredicho desciende el camino de Lluc hacia el valle de Cúber y Almallutx, regado por un arroyuelo cuyas aguas bordean una fonda de chopos, a la derecha, y se orillan de innumerables juncias. Vemos a uno y otro lado del valle campos de cereales en los que se distribuyen, dispersas, seis cabañas alpestres pertenecientes a Binimorat, todas de paredes de piedra seca, algunas techadas de paja y otras de teja.

Pequeños torrentes confluyen hacia la línea media del valle, y el entorno, aunque yermo, no deja de tener su encanto, al que contribuye la presencia de algunas casitas de payés. Vemos a la derecha algunos pinos, y más adelante muchas encinas añosas y la Possessió d’Almallutx, notable por su guarda de yeguas y mulos jóvenes y, en verano, de ovejas en número incontable. Se tratra de una antigua alquería llamada Almalutx, junto a la que los moros habían fundado un antiguo asentamiento; ruinas de este, y en particular una mezquita, podían verse aún en el siglo XVI.

El valle se angosta y el camino prosigue a través de una honda barrancada excavada por la corriente. Muy altos y abruptos se nos antojan los cantiles rocosos, y las aguas vivas, muy frías y cristalinas, arrojan reflejos verdes azulados por la profundidad que aquí alcanzan. Hablamos del Gorg Blau, célebre en toda la isla, alimentado principalmente por la Font de Sa Roca que nace en Almallutx.

Salvando las montañas que cierran el valle divisamos a lo lejos el mar y nuevas formaciones rocosas de color gris que enmarcan la llanada dividida en campos de labor pertenecientes a las Cases Noves. Antes de alcanzar esta propiedad vuelve a ofrecérsenos una maravillosa imagen del coloso del Puig Major y el profundo corte del Gorg Blau, que la vista sigue con gusto hasta el profundo cortado de Pareis.

A la izquierda, entre masas rocosas y exuberantes encinas, en medio de una naturaleza por lo demás intacta y del carácter más gozosamente pintoresco surge la Possessió d’Escorca perteneciente al señor Faust Gual de Tortella, una de las más antiguas alquerías, otrora conocida por Axcorca. Cuatro viejos robles guardan la entrada de esta vieja posesión que da nombre a toda la región de Lluc, que por su superficie es una de las más grandes de la isla y que aún así apenas cuenta con 300 habitantes. La casa es sencilla y modesta y posee una Clastra. Junto a ella damos con una dependencia abovedada y reservorio de agua, que recoge la que procede de una caudalosa fuente próxima.

En medio del verdeante valle de Lluc, al pie de las colinas rocosas de poca altura y no obstante a 525,75m. por encima del nivel del mar, aparece la iglesia de Nuestra Señora de Lluc, a la que fue concedido el título de pueblo o villa con el nombre de Escorca, aunque el lugar no consiste sino del templo, el colegio anexo, el modesto estanco y un par de casas aisladas.

Dice la vieja tradición que al poco de la conquista de la isla por Jaume I en 1239 ó 1240, un zagal llamado Lluc (Lucas) que en noche cerrada apriscaba su rebaño en el lugar vio de pronto luces y un gran resplandor en la ladera de una de las montañas de Escorca. La Verge de Lluc fue así nombrada protectora y patrona de Mallorca. Fue construida una pequeña capilla vecina al lugar y reunidos los medios que permitieran mantener en ella el culto.

Lleva al edificio del colegio una avenida con ocho nogales a cada lado, que finaliza en una explanada con una fuente en forma de estrella con dos cubetas. Hay a la izquierda d esta varios establos y otras dependencias, y a la derecha una sucesión de edificios bajos, usados también como establos.

El viejo colegio, que al propio tiempo sirve de hospedería, es un edificio sencillo de dos plantas y notable extensión. Presenta un frente de nueve ventanas en la fachada de altura varia. Por encima del portalón de la entrada, de caída simple y al que llevan seis peldaños, se encuentra una imagen de la Virgen y un escudo de armas.

La iglesia queda adosada al edificio del colegio por la parte de la ladera rocosa. Externamente parca en adornos, presenta en la fachada delantera que da al segundo patio interior un rosetón y un portal dieciochesco con las armas de Sureda. Por encima de la nave transversal del templo se eleva una cúpula redonda sostenida por 8 montantes sobre sendas piedras maestras, coronada aún por otra más pequeña en la que se abren 8 ventanucos, sostenida por otros tantos pilares. La clave de bóveda muestra la fecha de 1657. Cierran las esquinas otras tantas cuñas de remate. Digna de mención es la capilla del altar mayor que va estrechándose en profundidad, con adornos dorados, y en arco triunfal, la inscripción: “Fundamente eius montibus sanctis”, Salmo 86.

La Mare de Déu de Lluc queda oculta en el altar renacentista, pero es mostrada si se solicita. Se trata de una pequeña escultura en piedra basta, con el Niño en sus brazos y una túnica de caída de caída cónica. Queda a espaldas del altar una salida escalonada doble con pasamanos de hierro; siete peldaños llevan al lugar donde se venera la Mare de Déu y se guarda el cepillo de  los óbolos.

Desde Lluc pueden emprenderse bonitas excursiones en cualquier dirección. Dirijamos primeramente nuestros pasos en busca del pico más alto del entorno, el Puig Major de Lluc o de Massanella. Desde la carretera del Guix arranca un sendero que llega hasta el Camí de Sa Neu que atraviesa el valle de la Coma Freda y se pierde en el Puig Major de Lluc. Queda a nuestra izquierda el Caragolí del Guix, Puig que con otros, domina la propiedad, salvamos una barrera y accedemos al cerrado valle de la Coma Freda a los pies de las escarpadas y yermas paredes del Puig Major. La senda se alinea con el torrente para cruzar un bosque de encinas. Se nos interpone de pronto una pared, y el valle ahora empinado y yermo apenas se cubre de carrizos, enebros, jaras y cardos. Las cotas más altas, adonde lleva la senda pavimentada, componen una especie de meseta guardada a uno y otro lado por escarpes poblados de carrizo. Dejamos a la derecha la trocha que lleva a las cabañas de nieve, y con dificultad proseguimos sendero arriba hasta la cima del Puig, con abruptos farallones a pico, para salvar al fin el pequeño puerto que nos hace ya franco el Comellar de Ses Cases de Neu. Con todo, el mejor paso es el que se ve del lado oeste, Es Pas de N’Argentó, más arriba del cual, hacia el este, los escarpes se explanan en una pequeña llanada salpicada por las ruinas de la Casa de Neu d’Amunt des Puig,  ala que es más fácil a lomos de mula acceder desde el Bosc de Massanella.

Toda la falda del Puig de Massanella aparece sembrada de hermosos y torturados peñascos, y justo al lado del pico más alto se desploma un abismal Avenc. En la última cima del aquí arromado Puig Major, la segunda en altura pues le gana la nororiental, a unos 300 m. de distancia, se encuentra todavía el agujero excavado otrora para los trabajos de triangulación geodésica que situaron el lugar a 1.349,24 m. por encima del nivel del mar.

Si desde Lluc nos dirigimos en cambio hacia el mar se abre ante nosotros el escenario más salvaje y solitario de esa naturaleza montañosa. Inmediatamente por detrás de la iglesia de Lluc parte un camino a través de un bosque de encinas y a lo largo de un torrente que forma un pequeño Gorg (garganta) llamado Es Gorg Blau. Desciende luego al ancho valle de Aubarca para bordear un encinar al pie del Puig de Can Pontico y de Can Llobera unidos entre sí.

Salvando entre encinas el Torrent de Son Llobera que desciende de Mossa damos con la pintoresca Ca s’Escrivà, dejamos atrás los olivares de Sa Plana y proseguimos nuestro descenso entre las encinas que bordean el pedregoso cauce del Torrent de Pareis. En la otra orilla, un huerto de frutales y con las mejores uvas de Lluc; a la izquierda Son Colom con su hermoso emparrado a la puerta y Aljub detrás y frente a él, en medio de un encinar, Son Colomí, que al igual que el anterior cuenta con un Hort y molino de aceite.

Queda a la derecha el saliente de la Roca Roja perteneciente al Cosconar, propiedad que no cuenta con casa alguna, aunque sí con una cueva habitada por los trabajadores durante la recolección del grano. Aquí es donde debe abandonarse la Torrentera, de ribas verticales ahora y con grandes rocas que impiden el paso.

Las laderas ganan altura, el cauce anchura, y los farallones laterales presentan estratificaciones casi horizontales por efecto de la lluvia. El escenario es cada vez más grandioso e impresionante: las abruptas paredes aparecen converger en lo alto, y en los innumerables arbustos revolotean multitud de pájaros, que con las moscas son los únicos que rompen el silencio reinante en este remoto paraje. Se abre a la derecha el Pas des Beverons que conduce a Cosconar. Un gran peñasco emplazado en el torrente recibe el nombre de Sa Penya des Burgar, en consonancia con el Xaragall (badén, arrollada) de igual nombre. En este lugar y antes de estrecharse repentinamente hacia el Entreforc, el cauce ofrece una vista maravillosa, sin duda la más espectacular del Torrent de Pareis.

He aquí uno de los escenarios más salvajes y espectaculares que quepa imaginar, con el ruido de fondo de las palomas que se arrullan a la fresca. A los pies de este llamado Penyal Entravessat discurre un profundo Gorg de cristalinas aguas. Sigue luego Sa Fosca y luego Es Tu, donde se ensancha la hendidura superior.

Bajando damos con grandes rocas, y entre ellas la llosa a cuya derecha hay dos oquedades habitadas por las palomas, mientras que a la izquierda se abre la oscura Gola de una profunda caverna vestida de grandes helechos. Coronan el paisaje grandes peñascos resueltos a mantener el salvaje cariz de la escena. El cauce se ha ido llenándose de más y más pedruscos y el andar es cada vez más difícil, de donde que el viajero se vea a practicar poco airosos deslizamientos. Divisamos a la izquierda el Cingle des Porcs con una caverna, y no lejos de la torrentera Sa Cova des Romegueral.

La riba muestra numerosas oquedades, feudo de acebuches, Figueres Bordes y lentiscos, y en menor medida de gatillos castos y cañas. Otra oquedad forma un recodo, al que sigue otra, a la izquierda, llena de estalactitas. Llegamos al poco a una gran explanada pedregosa con algunos pinos, por detrás de los cuales encuentra al fin el torrente, por un recorte entre las rocas, su salida al mar.

De ser el Torrent de Pareis más accesible, hoy de visita tan difícil y en invierno del todo impracticable, pronto ganaría fama como uno de los parajes de montaña más hermosos y dignos de ver en la isla."

Archiduque Luis Salvador de Austria. Las Baleares por la palabra y el grabado. Mallorca: La isla. Ed. Sa Nostra, Caja de Baleares. Palma de Mallorca. 1.982.

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